¿Un equipo de verdad?

Turó de la Peira 1 Singuerlín 1

Pasado ya el partido, a media tarde del domingo, mientras llueve tímidamente, les diré lo único importante que tengo que decir en esta crónica: no se sale vivo del campo del Turó de la Peira sin ser un equipo de verdad. Lo dejo escrito al principio así puede usted dejar de leer e invertir su preciado tiempo en algo más productivo; hoy hemos visto un EQUIPO. Pues lo dicho, un equipo. Si esperaban una reflexión más profunda lamento decepcionarles.

 

En el fútbol, como juego, es bastante inútil recalcar lo que el rival va a hacerte, el daño que pretende infligirte, se puede entrenar la contrarrestación pertinente, rearmar tus baluartes, y te hará más fiable en el aspecto concreto pero no evita que el contrario lo siga haciendo. Es decir, todos los que estábamos en el ahí sabíamos que los nuestros serían bombardeados desde cualquier parte del campo: saques de banda, faltas lejanas y lanzamientos del portero, y estábamos mentalizados para las continuas prolongaciones, las peinadas y demás segundas jugadas poco vistosas pero muy dañinas. De la misma manera que cuando vas al cine a ver una película sabes lo que te vas a encontrar y no te quedas en la entrada. Sin embargo, no pasaba el minuto 5 de encuentro cuando Vega recibe el primer remate de cabeza dentro del área, un balón colgado desde un lateral que acabó dentro de la porteríaEl pesimismo no se adueñó de los de Santa Coloma.   

Balca jugó de nueve, y no es nueve, y el gol que mete es un golazo. Aún duraba la hostia de los locales cuando un balón largo medido por un sastre por encima de sus centrales contactó con el brasileño de Singuerlín que lo durmió con la derecha apaciguándolo y apuñaló al gigantón con su pierna buena. El gol fue una inyección de autoestima que tranquilizó a los visitantes y supuso que dejaran de sufrir atrás sobre todo gracias a los dos centrales de Tercera división que tenemos, la palabra que los define es imperiales. Si uno es uruguayo el otro es un central nórdico, no grita ni se queja y se muestra sereno todo el partido y no comete un error por muy bueno que sea el punta con el que le toca bailar. No querría bailar con él. Éste era el peor partido para un defensa central, muy cercano a tu propia portería, una cadencia muy constante de peligro, había mucho que perder y poco que ganar, incluso ganándolo todo el peligro acecha. Marwan por derecha parece que lleve toda su vida en este equipo y Castro es archiconocido en todos los campos a los que va con el 21 en la espalda, le tratan de usted, éste fue campeón en Brunete con el Español, decían en la grada. Claramente no era el escenario idóneo en el que Gorka y Aritz pudieran actuar más cómodos pero ellos hacen que el partido sea para ellos; lo agarran y hacen que transcurra entre ellos y no al revés, tienen esa virtud tan buscada por todos que es la de hacer de manera excelente lo que saben hacer y no hacer mal lo que no saben hacer. Rositas y Giráldez, uno por cada una de las bandas en un campo donde no existían bandas, encomiable jugar un partido en el que no pueden brillar por ningún lado, desgastarse por el compañero no tiene precio y sí mucho valor, puro ejercicio de altruismo. Por otro lado, Dani se dedica a algo que no le gusta: peinar balones, pero las peina de puta madre. Tiene esa habilidad innata, además, de provocar faltas, de engañar incluso a los que le conocen de hace años: “¿le ha tocado? Da igual, ha pitado”. El capitán encontró dos pases rasos cruzados, que solo vio él, cuando el partido agonizaba que no se supieron finalizar pero que solamente él puede ver y hacer. Jugar bien al fútbol es eso, creo yo, localizar más rápido que nadie lo qué vas a hacer y hacerlo bien, ponerla ahí, justamente ahí, el otro no llega y el tuyo sí. En ese momento, a falta de 30 minutos para el final, cuando el Turó se quedó con un jugador menos por doble amarilla e insultos poco ingeniosos al linier, el partido se podía haber decantado hacia el lado visitante pero no fue así. El empate supone un punto que a estas alturas es más que buscado y sabe a más sabiendo que el rival está en otra galaxia, luchando por algo que nos queda demasiado lejos. ¿Qué decir de Vega? Se dedica a enseñar a otros porteros lo que él sabe pero lo que él tiene no se enseña, tragando banquillo a la sombra de un gran portero como Raúl y jamás ha alzado la voz y cuando le ha tocado, en el peor de los escenarios, ha pasado el examen con nota. Su estatura es un engaño, rompe prejuicios.  Cómo dicen los que dicen saber: siempre en mi equipo.  

Equipo 

Los jugadores pasan, las directivas van y vienen, los entrenadores saltan y caen otros en su lugar, pero hay gente que persisten en su puesto sin amarrarse como los políticos a su escaño, se quedan donde están por voluntariedad, en este club o en otro da lo mismo, pero por suerte en el nuestro. Un equipo está formado por muchos individuos pero sustentado por personas invisibles que desempeñan funciones poco reconocidas y peor remuneradas pero que sostienen por puro amor lo que hacen. Sea esto bueno o malo, siguen ahí y aguantan a todos los demás. David es el entrenador de porteros y ha sobrevivido a tres entrenadores que lo han sabido valorar cada uno más que el anterior, siempre dónde debe estar, y cómo resuena en cada vestuario donde se preparan para la función: eterno Davile. Gritando en la grada como un aficionado más o cada martes y cada jueves enseñando a los porteros que se prestan; la actuación de Vega hoy es en gran medida de él, en la sombra alentando.

Una pieza impagable para cualquier grupo es la que se mueve entre silencios y domina impecablemente la logística que obligada la Federació Catalana, sin que nadie se percate de su presencia cuando ésta es imprescindible, y Cristóbal es un genio en tal materia: se dirige al árbitro por su nombre y siempre tiene un detalle único en el momento preciso. Tiene cada hipotética situación en su mente y actúa antes que acontezca. Sobrevive a cualquier terremoto, es más, los agarra por la solapa y los atempera, único en su especie. Cristóbal Soria, socio del Sevilla, alguna vez los balones surgen de sus pies al campo cuando el equipo necesita aire. Él sabe lo que el equipo requiere en cada momento.

Finalmente, Josep, por todo el mundo querido, tiene en la cima de su extenso currículum haber sido marginado por Calderé en 2ºB y readmitido por su conocimiento y su buen hacer, así como ser el fisioterapeuta más expulsado de dicha categoría. Los jugadores le consideran imprescindible. Todo el mundo le trata así, único. El primer día de entreno de la semana su garito en Can Zam se llena de los protagonistas pero sospecho que a ninguno le hace daño nada, van ahí para oír su consejo, su visión. Sus manos han tratado a gente que se ganaba la vida haciendo esto, jugar al fútbol. Grita como un suplente más, incluso más. Está por encima de la dimensión del propio club.

Un equipo de verdad está formado por suplentes que se llenan de tarjetas amarillas, suplentes fieles a los titulares que juegan en su sitio, por gente que desinteresadamente mete la cara donde otros no meten la pierna, por personas embriagadas por un perfume de gregarismo difícil de encontrar por la regionalUn grupo de chavales que arrastra gente a llenar los campos por dónde va. Este deporte agrega cada día más elementos que parecen importantes pero no son más que fachada, muchas patatas y poco filete, un gran marco y un cuadro patético. ¿Qué importa lo complementario si luego no hay compañerismo? Lo trascendental no se entrena, se visualiza mientras pierdes y se modifica en tanto que ganas. El vestuario del Singuerlín no sé por los derroteros que andará pero lleva tiempo sembrado por semillas positivas, el terreno está fertilizado y las metáforas se me acaban.  

Carlos López :: Jugador del primer equipo