Entre la niebla

Singuerlín 2 – Pubilla Casas 2 Jornada 17

En su libro Manifiesto comunista Karl Marx y Friedrich Engels (he tenido que buscar cómo se escribía Friedrich) exponen de manera sintética algo tan difícil de sintetizar como es el comunismo y la lucha de clases. Sin dudarlo, les cambiaría su tarea de criticar el sistema económico capitalista del siglo XIX por el de resumir lo que pasó ayer en el partido y lo que viene pasando con nuestro equipo, ya que no sé por dónde empezar ni que razones exponer al respecto. El guionista del fútbol se está pasando en lo dramático de la trama.
Ayer vimos a dos equipos que gestionaron de diferente manera la decrepitud de resultados por la que andan viviendo y esto, en mi humilde opinión, no se puede entrenar: surge o se tiene interiorizado. Incluso con un coche en peor estado los visitantes consiguieron llegar igualados a la línea de meta cuando en la última curva perdían de uno. Mora, Balca (en dos ocasiones) y Damián tuvieron la llave para cerrar la puerta de un partido que podría haber terminando con los resultados negativos, con las decepciones, acabar de una vez con este guión maldito de una temporada, que nadie entiende ni quiere seguir leyendo.

El partido

Los noventa minutos, sea cuál sea el partido, son un tránsito hacia no sabemos dónde pero que tenemos la certeza que queremos iniciarlo. Los goles, en cambio, son altos en el camino que surgen por necesidad del conductor, para que nadie con responsabilidad en el manejo se quede dormido. Así, pues, apenas habíamos iniciado ya perdíamos; un mal centro se convierte en un gran centro porque el despeje no fue acertado, le cae al diez de Pubilla que la clava a la izquierda de Raúl. Mientras se saca el balón de la red y se la golpea con desprecio dirección al centro, se maldice y se lamenta, no se notó en ningún momento que la pesadumbre saltara al campo, en cambio sí que se vio, en el transcurrir de los minutos, un equipo que quería darle la vuelta, harto de caer y cansado de perder.
Entiendo (o quiero entender) que el resultado es un canalizador de juego, y el revés, si canalizas bien tu juego acabarás teniendo resultados. Sin embargo, cuando uno camina por la niebla es fácil tropezarse y, los nuestros, van entre la niebla intentando correr sin ver lo que tienen delante. Es decir, no siempre es suficiente con picar piedra durante horas y horas, a veces no hay que hacerlo tanto rato, sino de manera más efectiva. Ayer corrieron con toda la voluntad que se puede tener pero no sabemos dónde dejaron la eficiencia. Intentaron jugar lo mejor que pudieron y casi lo consiguen pero la niebla es muy espesa, son demasiados los condicionantes negativos para obviarlos dejándolos encerrados en el vestuario. Rodri remató el centro cerrado de Dani, llegando antes que todos, de manera desesperada y me recordó cuando el niño abre el regalo de reyes viendo aquello que tanto deseaba y ya no se acordaba. A todos son invadió una sensación de por fin, de ya era hora, nos lo merecíamos. Ya no celebramos los goles, los agradecemos porque son una bocanada de oxígeno que nos permite respirar tranquilos. Pocos minutos más tarde Balca convertía el segundo, al final de la primera parte, en esos últimos cinco minutos traicioneros, y todos pensamos que el Pubilla estaba tan herido que no se iba a levantar…
Los verdiblancos podrían haber cerrado la persiana e irse a disfrutar del domingo sin pensar que al día siguiente en el trabajo les dolerían las piernas y aparecerían moratones de golpes de los que ya no se acordaban; se olvidarían de los insultos recibidos, de los pases a cinco metros fallados y de aquella falta que no era y que la señalaron como tal porque, en definitiva, habrían ganado. No fue así, estuvo cerca pero no fue así, y llevamos toda la tarde (algún obsesivo invertirá días y días dándole vueltas) pensado en lo que pudo ser y no se dio, las piernas duelen más y hay más moratones de lo que pensábamos. Es interesante como el gol alivia o destroza, calma o agravia psíquica como físicamente dependiendo si es en tu portería o la de enfrente. Quizá fue el partido que más se merecía ganar pero es uno más que no se consigue cerrar debidamente. Esa falta en la frontal, cuando el partido agonizaba, lanzada por el más veterano de los que jugaban y colocada en el moflete de la portería, ni muy fuerte ni muy precisa, solamente la puso donde la tenía que poner, ¿para qué más?.
Alexanderplatz
La obra Manifiesto comunista empieza así: Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo. Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar… Pues eso, un espectro se cierne sobre Can Zam pero quién os escribe, a diferencia de Marx y Engels, no tiene ni la más remota idea de qué puede ser este maldito espectro.

por Carlos López – Jugador del 1er equipo | Entrenador Juvenil B